Investigadores de las universidades de Cádiz y Florencia han combinado ácido poliláctico, de origen vegetal, y nanopartículas de sílice para obtener un revestimiento adecuado para actuaciones de recuperación del patrimonio. Evita que el agua penetre en la superficie y es reversible.

El grupo de investigación Tamices Moleculares y otros Nanomateriales de la Universidad de Cádiz (UCA), en colaboración con la Universidad de Florencia, ha obtenido un nuevo revestimiento biodegradable destinado a la restauración del patrimonio histórico. El material combina ácido poliláctico, de origen vegetal, y nanopartículas de sílice para obtener un recubrimiento que repele el agua. La utilización de un componente biodegradable lo convierte en reversible, es decir, fácil de eliminar en futuras actuaciones arquitectónicas o patrimoniales.

Según apuntan los científicos, el ácido poliláctico es una de las alternativas más prometedoras a los polímeros a base de petróleo, ya que se puede obtener a partir de fuentes renovables como maíz, remolacha, o trigo. Una aplicación innovadora de este material biodegradable es proteger el exterior de los edificios.

Junto con la reversibilidad, la capacidad de repeler líquidos, es decir, su carácter hidrófobo, supone otra de las ventajas del nuevo material. Según los expertos, el agua se convierte en el principal agente de deterioro en los monumentos. Por un lado, contiene sales disueltas, sobre todo en entornos costeros y, por otro, es el medio donde habitan seres vivos.

Hasta ahora, los tratamientos hidrófobos suponen un obstáculo en futuras restauraciones, ya que no resultan aconsejables para consolidar superficies pétreas y son de carácter permanente. La novedad del material es que consigue ambos efectos: repeler el agua y retirarse si es necesario.

En un artículo, publicado en la revista Progress in Organic Coatings, los investigadores describen un procedimiento para crear recubrimientos hidrofóbicos y reversibles. Demostraron que las gotitas de agua no se extienden, ni se absorben, ni interactúan con el material, ya que producen ángulos de contacto de aproximadamente 140 grados en un típico mármol de la fachada de un edificio. Esto se consigue por la acción combinada de la rugosidad creada por partículas de sílice y la baja energía superficial que se consiguen con el ácido poliláctico.

El trabajo, financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad,  también demuestra que los recubrimientos preservan las propiedades estéticas del sustrato de piedra y que no alteran significativamente la transpirabilidad de la piedra. 06/05/2016 (Fuente: Agencia SINC)

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