Vivir sería un verbo imposible de conjugar si faltara el agua. El peligro de la escasez hídrica afecta no sólo al ser humano, sino también a vegetales y animales. Las lluvias, la nieve y los hielos son proveedores naturales de agua, pero vientos, temperaturas y el relieve del planeta condicionan la distribución.

El ser humano se contentó con un consumo regular de dos o tres litros diarios de agua natural durante muchos siglos. La edad contemporánea quebró aquella economía y el gasto se fue multiplicando con los hábitos higiénicos, el empleo industrial del agua, la generación de electricidad y tantos otros usos, a la vez que el vital elemento se contaminaba por los vertidos industriales, las aguas de riego y los efectos de fertilizantes y pesticidas, que afectan la potabilidad y van reduciendo las reservas.

Así se ha llegado a niveles de escasez hídrica que pueden entenderse de tres modos: como estrés, referido a la dificultad de encontrar fuentes de agua dulce en determinados tiempos del año en una región; como déficit producido por los cambios climáticos que originan, por ejemplo, sequías, y, por fin, la crisis hídrica, que se manifiesta cuando el volumen de agua potable disponible en un área geográfica es menor que la demanda. En este caso se dan dos factores determinantes: por una parte, escasez relativa del recurso hídrico; por otra, mala administración del recurso.

La ONU ha puesto de relieve la gravedad de la situación que afrontan millones de habitantes sin acceso a la necesaria agua potable ni al saneamiento. De ahí que dentro de los objetivos del milenio enunciados por el organismo mundial para lograr en el año en curso se ha propuesto una ambiciosa reducción de esas limitaciones. De ese modo se beneficiaría la mitad de la población que hoy padece por la insuficiencia hídrica. Si no se obra con eficacia y prontitud para acceder a esa meta, se estima que 1900 millones de personas afrontarán en 2025 un grado de escasez insoportable.

Las propuestas para enfrentar el alarmante horizonte de una sociedad sin recursos hídricos suficientes fue el tema central del reciente Congreso Mundial del Agua, que tuvo lugar en nuestro país, en la ciudad de Villa Mercedes, en San Luis. Allí se formularon diversas iniciativas tendientes a disminuir el acuciante problema, entre las cuales se contaron las innovaciones de carácter tecnológico. Entre éstas, merecieron marcado interés las plataformas digitales que proveen información para acceder al agua, nuevos métodos de saneamiento de las aguas contaminadas y la promoción de una mayor cooperación entre los diversos sectores sociales para superar las carencias. Es oportuno indicar que cinco millones de personas no tienen acceso seguro al agua en nuestro país y aproximadamente un millón deben caminar diez kilómetros para conseguirla.

No sorprende que sea San Luis la sede del congreso: la provincia llevó a cabo el año pasado un análisis y cálculo de la huella hídrica provincial, aplicado al sector agropecuario, lo que sitúa a la provincia como pionera en América del Sur en contar con una investigación de tales características. El objetivo ha sido mejorar la planificación, concientización y comunicación de la situación actual y de los escenarios futuros en materia de gestión del agua.

En el Congreso del Agua, convocó el interés de muchos la exposición del diseñador industrial chileno Alfredo Zolezzi Carretón, que se refirió a un método original de potabilizar el agua contaminada convirtiéndola en plasma. Llamó la atención el hecho de que manifestase su propósito de no vender la patente de su invento a menos que se le garantice su producción en escala suficiente y precio adecuados para que toda familia que lo necesite pueda adquirirlo.

Hubo, asimismo, otras propuestas innovadoras y la presencia de tres ONG (Energizar, Práctica Sustentable y Manos Sustentables) convocadas para producir recursos vinculados con el tema del agua, sirviéndose de energías renovables.

Por último, cabe citar otro aporte positivo expuesto en el congreso, que permite apreciar dónde se agudizan los problemas hídricos. Se trata de la elaboración de un mapa del agua que hace posible la percepción de las comunidades en situación de vulnerabilidad hídrica.

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