El sector financiero, el gobierno y los reguladores enfrentan el ambicioso desafío de convertir a Suiza en una plaza financiera sostenible, pero encaran un creciente escepticismo por parte de las ONG’s y los grupos de presión.

Como líder mundial en la gestión de patrimonios internacionales, Suiza aspira a ocupar esta misma plaza en las finanzas verdes a través de la canalización de cada vez más inversiones -bonos, fondos y otros instrumentos financieros- a proyectos respetuosos del medioambiente.

La cumbre climática COP26 ha dado origen a nuevas iniciativas. La organización Swiss Sustainable Finance, integrada por miembros del sector público y privado, académicos e inversores, presentó una hoja de ruta que tiene como objetivo convertir a Suiza en centro global de las finanzas sostenibles. Un proyecto que guarda coherencia con las recomendaciones de la Asociación de Gestión de Activos de Suiza.

El 1 de diciembre, el Gobierno suizo, junto con los bancos UBS y Credit Suisse, lanzó un fondo de 1 000 millones de francos suizos (1 080 millones de dólares) que contempla inversiones para proyectos sociales y ambientales en países en desarrollo.

Asimismo, el Gobierno helvético contempla emitir bonos verdes para finales del 2022 y adoptar medidas para combatir los productos financieros engañosos que se anuncian como ‘verdes’ aunque no lo son (greenwashing).

 

La oenegé Greenpeace analizó exhaustivamente a 51 fondos sostenibles suizos y luxemburgueses, recientemente, y descubrió que dejaban «mucho que desear».

“Las llamadas inversiones sostenibles que se ofrecen actualmente son apenas sostenibles y, en ocasiones, incluso dañan al medioambiente”, afirmó Greenpeace.

Inversiones nocivas

Las oenegés y los grupos de presión desconfían de las promesas del sector financiero. Aseguran que, para construir un mercado lucrativo en torno a las finanzas verdes, los bancos, las aseguradoras y los fondos de pensión deben limpiar primero antes sus propios actos.

WWF ha calificado los esfuerzosEnlace externo del Banco Nacional de Suiza (BNS) y de FINMA, el regulador financiero helvético, como “largamente insuficientes para combatir la crisis climática y la pérdida de la biodiversidad”.

Y la oenegé Climate Alliance ha acusado a la plaza financiera suiza de abonar a la desnutrición y la muerte de niños de todo el mundo al invertir en proyectos de combustibles fósiles.

«Los discursos no son suficientes. Nos enfrentamos a enormes actividades de lavado verde en el sector financiero”, denunció el profesor Marc Chesney, presidente del Centro de Competencia para Finanzas Sostenibles de la Universidad de Zúrich. «Un sector financiero realmente limpio tendría que dejar de financiar cualquier tipo de energía de combustibles fósiles».

Según Chesney, la actividad financiera apoyada actualmente por los grandes bancos globales y el BNS, en materia de créditos e inversiones, provocará un incremento de la temperatura media global superior a la meta de 1,5 a 2 grados centígrados que se fijó el Acuerdo Climático de París para finales del presente siglo.

Más aún, una encuesta realizada por la Oficina Federal del Medio Ambiente de Suiza encontró que los actores financieros invirtieron mucho más en combustibles fósiles que en energías renovablesEnlace externo, y podrían estar contribuyendo a una expansión en la producción del carbón y del petróleo.

Elegir opciones viables

En su calidad de orador de la Building Bridges, conferencia dedicada a las finanzas sostenibles realizada en Ginebra durante el cierre de noviembre y los primeros días de diciembre, el banquero privado suizo Patrick Odier exhortó a los bancos a «predicar con el ejemplo» en materia de promesas climáticas eligiendo sus opciones más viables, como la eliminación gradual de inversiones relacionadas con la producción de carbón. También exhortó a los bancos a presentar planes concretos para reducir sus huellas carbónicas, pero no se aventuró a solicitarles anular por completo sus inversiones en combustibles fósiles.

El grupo de consultoría alemán Zeb considera que si no abandonan las inversiones que dañan al medioambiente, los bancos ponen en riesgo su propia existencia. “Si los actores (del sector financiero) no ofrecen resultados exitosos rápidamente, la intervención integral de los políticos y los supervisores probablemente esté muy cerca, vía regulaciones obligatorias”, dijo el socio de Zeb, Dirk Holländer.

En Suiza, es poco probable que esto suceda este año o el próximo. Una evaluación del Gobierno para determinar si se necesitan nuevas leyes financieras acordes con los estándares nacionales de finanzas sostenibles difícilmente tendrá lugar antes de finales del 2022.

Las instituciones financieras están obligadas a informar sobre sus riesgos ambientales a FINMA, pero Suiza confía preponderantemente en la tradición de permitir a las empresas autorregularse. “Actualmente no existe una regulación obligatoria en Suiza”, confirmó la secretaria de Estado de Finanzas Internacionales, Daniella Stoffel, durante la conferencia Building Bridges. “Creemos en los mercados. Es decisión de cada actor ser parte de la multitud o destacarse de ella».

Un ejemplo de autorregulación es un sistema de ‘Puntaje Climático’ anunciado por el ministro de Finanzas, Ueli Maurer, que mediría qué tan cerca están los productos financieros del objetivo climático de París de limitar el calentamiento global a 1,5 ° C. Se espera que dicho puntaje esté listo para el verano del 2022

«Una mala broma”

Pero Chesney desconfía de los resultados que puedan obtenerse. “La autorregulación no funciona. Es solo una mala broma. En Suiza, deben desarrollarse etiquetas que definan claramente la calidad de los productos financieros sostenibles. Y en su desarrollo deberían participar especialistas independientes que no tengan conflicto de interés», dice.

Si Suiza supera el desafío y logra establecer un centro financiero sostenible global, la recompensa sería más que prometedora. El mercado de las finanzas sostenibles suizo creció 31% el año pasado al alcanzar un valor de 1,52 billones de francos suizos (1,65 billones de dólares), sin embargo, la falta de referencias concretas de medición complica una valoración objetiva de la calidad de estos productos.

Sin embargo, conforme los compromisos de la COP26 se pongan en marcha, “se crearán y destruirán franjas de valor económico y financiero”, dijo Odier, también presidente de Swiss Sustainable Finance. “El lado positivo de todo esto es que la transición climática crea oportunidades por un valor de 5,5 billones anuales (a nivel mundial)”, según nuestra estimación.

Parte de esta suma podría ser invertida en mejorar la posición de Suiza como exportadora de tecnología ecológica de vanguardia. Un estudioEnlace externo publicado por Lombard Odier Bank y por la Universidad de Oxford concluyó que, si se la compara con otros países, Suiza ha perdido cada vez más su ventaja competitiva en este tema. Y más inversión ofrecería también a Suiza la oportunidad de cerrar la brecha que hoy tiene con países como Alemania, aumentando la innovación en áreas como la energía solar y las turbinas eólicas.

Y un informe de la fundación de inversión sostenible EthosEnlace externo calcula que las principales empresas manufactureras suizas podrían ahorrar conjuntamente hasta 34 000 millones de francos suizos anuales (por ejemplo, en materia de energía, agua y tierra) si deciden invertir 28 000 millones de francos suizos anuales en el objetivo de convertirse en emisores netos cero.

 

Fuente: https://www.swissinfo.ch/spa/suiza-enfrenta-el-desaf%C3%ADo-de-una-banca-m%C3%A1s-ecol%C3%B3gica/47190646