Unas tintas especiales permiten crear dispositivos llevables de bajo coste para vigilar la salud.

Un puñado de plantillas y tres bolígrafos: podría tratarse del material para una manualidad infantil, pero son las herramientas que ha empleado un grupo de investigadores para dibujar sobre la piel humana sensores capaces de monitorizar la salud.

Los dispositivos ponibles ayudan a los médicos a controlar diversos indicadores de la salud. En los últimos años, han dejado de ser instrumentos voluminosos para convertirse en parches flexibles que se adhieren a la persona como una suerte de tatuaje temporal. Pero esos sensores prefabricados pueden resultar caros y no se ajustan del todo a los contornos del usuario, así que se ven afectados por sus movimientos. Un nuevo sistema electrónico pintado sobre la piel podría ofrecer una solución a ambos problemas, según un estudio publicado en Nature Communications.

Un equipo liderado por Faheem Ershad, ingeniero biomédico de la Universidad de Houston, desarrolló una tinta conductora al añadir polvo de plata a una solución de polímero inocua para la piel humana. Los investigadores cargaron la tinta en bolígrafos modificados, pusieron una plantilla hecha de película y cinta adhesiva sobre un voluntario y trazaron los circuitos necesarios. «Es como cuando uno aprende a dibujar figuras de pequeño», asegura Ershad. «Es así de simple.» La tinta se secó en cinco minutos y dio lugar a un sensor operativo. Por último, los investigadores pegaron un cable eléctrico corriente con cinta adhesiva, para suministrar energía y transmitir los datos a un ordenador.

Con tan solo ese tipo de tinta, el equipo logró medir la hidratación cutánea y la actividad eléctrica del corazón y los músculos esqueléticos. Dado que el sensor se adapta perfectamente a la piel, los usuarios pueden moverse sin inducir vibraciones que reduzcan la calidad de los datos. La tinta resiste el sudor y los roces, pero se elimina sin problemas con una servilleta de papel húmeda y jabón. «Es un método robusto y fácil de aplicar en cualquier parte del cuerpo», afirma Dmitry Kireev, experto en bioelectrónica de la Universidad de Texas en Austin que no participó en el estudio. «Se trata de una solución muy elegante.»

Para obtener dispositivos más complejos, el grupo de Ershad usó otras dos tintas que actuaban como un semiconductor y un dieléctrico (un aislante), respectivamente. Dibujando capas distintas con cada tinta, crearon sensores de temperatura y tensión en una lámina de silicona similar a la piel. «Los autores ya han mostrado muchas aplicaciones atractivas», valora Zheng Yan, ingeniero biomédico de la Universidad de Misuri ajeno al estudio. Yan y sus colaboradores han desarrollado una técnica similar con lápices y papel, pero limitada a conductores pasivos que no aportan energía a un circuito. Al pintar componentes electrónicos activos como los transistores, que pueden servir de interruptores o amplificadores, Ershad espera diseñar sensores complejos que midan diversos aspectos relacionados con la salud, desde las sustancias presentes en el sudor hasta la actividad eléctrica del cerebro.

En un futuro, los investigadores pretenden incorporar circuitos de tinta más avanzados para generar sensores realmente inalámbricos. Según ellos, eso hará que cualquiera pueda controlar su salud desde casa mediante kits de plantillas y bolígrafos muy asequibles.

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