Un barato sensor impreso en papel podría transmitir alertas de incendio.

Los incendios forestales son cada vez más devastadores y en los últimos tiempos han arrasado regiones de todo el mundo. Para intentar mitigar los daños, un equipo de investigación dirigido por Yapei Wang, químico en la Universidad Renmin de China, ha desarrollado un sensor de bajo coste que facilita la detección temprana de los fuegos.

Los métodos de detección actuales dependen mucho de la vigilancia humana, lo que puede retrasar la llegada de una respuesta eficaz. La población civil es quien avisa de la mayoría de los incendios, mientras que otras alertas proceden de patrullas a pie y observadores en torres de vigilancia. En contadas ocasiones también los avistan aviones y satélites, aunque, como recuerda Wang, «el fuego aparece en la superficie: cuando lo vemos desde el cielo, ya es demasiado tarde».

El equipo explica que el nuevo sensor puede instalarse cerca de la base del tronco de los árboles y enviar una señal inalámbrica a un receptor próximo si se produce un gran aumento de temperatura. El propio calor suministra energía al detector, así que no es necesario cambiar la batería. La clave reside en unas sales fundidas denominadas líquidos iónicos: cuando la temperatura cambia bruscamente, los electrones se mueven en el interior de esos líquidos y generan la energía eléctrica que permite a los electrodos emitir la señal. Los investigadores imprimieron las sustancias en papel corriente y lograron crear un sensor por tan solo 0,40 dólares, como describieron en junio en ACS Applied Materials & Interfaces.

 

Jessica McCarty, geógrafa de la Universidad Miami ajena al proyecto, afirma que lugares como San Diego (donde las áreas silvestres llegan hasta la ciudad) podrían beneficiarse de un detector así. Según la investigadora, si un incendio declarado en un cañón se extendiera hasta una vivienda, gracias a este tipo de dispositivos «el propietario se enteraría antes que los bomberos».

Pero Graham Kent, sismólogo de la Universidad de Nevada en Reno que tampoco participó en el estudio, opina que hay algo aún más importante: mejorar la coordinación entre las diferentes agencias implicadas en la lucha contra el fuego. Kent es el director de ALERTWildfire, una red que emplea cámaras y métodos de colaboración masiva para detectar incendios en California, Nevada y Oregón. «La respuesta a un incendio es como un ballet», compara, «y habría que coreografiarla» desde la detección, confirmación y envío de unidades hasta la extinción, para distribuir los recursos en el lugar y momento adecuados. «La detección solo es el primer paso. Si luego salen mal los pasos del 2 al 98, toda esa tecnología no sirve de nada.»

Wang revela que su equipo pretende ampliar el alcance de la señal del detector más allá de los 100 metros actuales (una distancia que podría limitar la utilidad del dispositivo) y desarrollar un blindaje para protegerlo. Y McCarty observa que también hay que probarlo sobre el terreno.

Fuente: https://www.investigacionyciencia.es/