La cantidad de luz natural que ilumina una estancia influye en nuestra sensación térmica. Así, una baja iluminación diurna aumenta la sensación de frío. En caso de calor, sucede el contrario: la poca luz favorece la sensación de un ambiente agradable y cómodo. A esta conclusión han llegado investigadores dirigidos por Giorgia Chinazzo, de la Escuela Politécnica Federal de Lausana, según publica Scientific Reports.

Para el estudio, los investigadores pidieron a 42 hombres y otras tantas mujeres que resolvieran una serie de actividades en una habitación en la que podían manipular de manera exacta tanto la temperatura como la iluminación. En unas ocasiones, hicieron que los probandos trabajaran a 19 grados, mientras que en otras subieron la temperatura de la habitación a 23 o 27 grados. La iluminación también variaba: a veces entraba luz natural en la estancia; otras había luz tenue y en otras, la habitación estaba casi a oscuras.

Menos frío con una buena iluminación

Aunque las condiciones de iluminación no tenían ningún efecto fisiológico en los participantes —su temperatura cutánea no varió, según se evaluó mediante sensores que habían colocado en diversas partes del cuerpo de cada uno de ellos—, indicaron que sentían más las temperaturas frías cuando había poca luz natural en la estancia. En caso de calor, el efecto era el contrario: los sujetos informaban que se encontraban más a gusto si la habitación estaba en penumbra, a pesar de que siempre se encontraba a una temperatura de 27 grados. Ello sucedía tanto si la luz era natural o artificial.

Estos hallazgos podrían ayudar a mejorar los entornos domésticos y laborales, indican los autores. Por ejemplo, los despachos que disponen de ventanas por las que entra mucha luz natural podrían bajar el aire acondicionado en los días nubosos de verano. Y quien tenga frío en un día oscuro de otoño, quizá debería encender la luz antes de subir más la calefacción. De hecho, estudios anteriores han demostrado que la iluminación artificial también puede influir en nuestra percepción de la temperatura.

Daniela Zeibig

Referencia: «Daylight affects human termal perception». Giorgia Chinazzo, Jan Wienold y Marilyne Andersen en Scientifc Reports, vol. 9, 2019.

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