Isabel Alarcón Redactora (I) ialarcon@elcomercio.com
La deforestación, el cambio de uso de suelo y la destrucción de los hábitats naturales a causa de las actividades humanas han transformado el paisaje de Ecuador a lo largo de los años. Pequeños parches de bosque, separados entre sí, componen ahora el territorio del país que busca ser conectado nuevamente para ayudar a la conservación de las especies y de los ecosistemas.
Una gran porción de la biodiversidad del país se encuentra fuera de las áreas protegidas y la movilidad de la fauna entre distintos hábitats se complica al existir esta fragmentación. Ante esto, se están potenciando las iniciativas de corredores biológicos, las cuales van desde la conexión para el paso de animales en una zona específica hasta la configuración de corredores que conecten a dos o más provincias.
El Código Orgánico del Ambiente establece corredores de conectividad, como parte de las áreas especiales para la conservación de la biodiversidad, que son complementarias al Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP). Esto con el objetivo de “asegurar la integridad de los ecosistemas, la funcionalidad de los paisajes, la sostenibilidad de las dinámicas del desarrollo territorial, el aprovechamiento sostenible de los recursos naturales y la recuperación de las áreas que han sido degradadas”.
Un estudio reciente presentado por el Instituto para la Conservación y Capacitación Ambiental (ICCA) demuestra que la sobrevivencia de las especies de fauna silvestre tiene relación con la conectividad de la naturaleza. Esta investigación se centró en el Corredor Biológico Tropi-Andino (CBTA), que se encuentra a lo largo de toda la extensión del Oleoducto de Crudos Pesados (OCP) en Sucumbíos, Napo, Pichincha y Esmeraldas.
Carlos Urgilés, coordinador de Proyectos en ICCA, explica que el monitoreo se inició hace cinco años. Los investigadores pusieron 30 cámaras-trampa en el área con corredor biológico, 30 en zonas desprotegidas y otras 30 en áreas protegidas para comparar la biodiversidad entre estos.
Los resultados demostraron que se registraron 71 especies a lo largo del corredor y, de estas, 51 fueron mamíferos. Esto significa que el 11,83% de los mamíferos que se han contabilizado en el país utiliza estos corredores para su movilidad.
Urgilés explica que con un área de influencia de 10 kilómetros a cada lado del OCP, las acciones de conservación del CBTA permiten que los animales que residen en las cuatro provincias se muevan entre remanentes de bosque nativo. Con ello, su supervivencia se verá mayormente asegurada.
Estos resultados también han aportado a que los Gobiernos Autónomos Descentralizados puedan crear nuevas ordenanzas para la conservación de los recursos naturales. También se realizaron materiales recreativos sobre las especies que se registraron en la zona, para que los habitantes de estos sitios puedan utilizarlos para hacer un turismo sostenible y se motiven en la protección de estas especies.
Manuel Peralvo, coordinador de Investigación del programa Bosques Andinos del Consorcio para el Desarrollo de la Ecorregión Andina (Condesan), considera que el corredor es una figura que reconoce la heterogeneidad del uso del suelo. Esta se convierte en una herramienta de gestión del territorio, que busca una conexión de áreas importantes para la biodiversidad, a través una diversidad de estrategias del uso sostenible de la tierra.
Peralvo explica que el establecimiento de los corredores puede venir de muchos actores, intereses y objetivos de trabajo. Su grupo, por ejemplo, trabaja con fincas. Allí, la coordinación es con los propietarios para identificar las zonas donde se debe restaurar. La conexión puede darse en una parroquia, municipio o, incluso, pensar en actividades como recuperar la conectividad entre las cordilleras oriental y occidental. En cada caso, el conjunto de actores empieza a ser más amplio.
El Ministerio del Ambiente explica que cada corredor genera un modelo de gestión que responde a dinámicas sociales locales, donde se conforman mesas de trabajo para la toma de decisiones. Al identificar lugares donde las condiciones son favorables, la entidad impulsa estos procesos.

Actualmente, se está trabajando en la normativa secundaria, que establecerá los criterios para poder delimitar y reconocer a los corredores de conectividad. Esta Cartera de Estado por ahora registra 27 iniciativas de este tipo para la conservación; algunas de ellas se encuentran fortalecidas y otras han quedado como propuestas. En julio del 2018, el MAE reconoció el establecimiento del Corredor de Conectividad Sangay–Podocarpus, el más avanzado y posicionado en el país. También se han establecido zonas prioritarias para la conservación.

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