El desarrollo de la industria química es, en la actualidad, uno de los pilares esenciales para conseguir un desarrollo global sostenible. Algo realmente importante si se tiene en cuenta que, a mediados de siglo, el incremento de la población humana dará como resultado la escalofriante cifra de 9,5 mil millones de habitantes.

La sostenibilidad es imprescindible para satisfacer las necesidades globales actuales sin comprometer las futuras. En este sentido, la innovación en la industria química no es solamente necesaria, sino que se convierte en una herramienta básica para llegar a esa deseada sostenibilidad.

La función de la química ha evolucionado muchísimo en los últimos años. De hecho, las grandes empresas han cambiado completamente su enfoque desde sus momentos iniciales hasta ahora. En sus orígenes, las empresas químicas estaban orientadas a conseguir una producción a gran escala para cubrir la demanda de productos muy solicitados, como por ejemplo el índigo Blue, el color azul para los vaqueros.

Hoy en día, el enfoque de la industria química, como BASF, apunta claramente hacia la innovación y a la investigación con el objetivo de encontrar aplicaciones en tecnologías punteras en sostenibilidad, como los catalizadores que reducen las emisiones de CO2, los materiales aislantes para viviendas o los plásticos para invernaderos que evitan el deterioro por la exposición a los rayos ultravioletas.

Sin embargo, el gran público sigue teniendo una opinión negativa de la industria química, asociando la química a la contaminación o a altas emisiones de CO2. Estas ideas realmente se basan en el desconocimiento de los estándares actuales y en una falta de comprensión sobre lo que esta industria aporta. Uno de los motivos es que la innovación aportada por la industria química no llega directamente al consumidor sino que está incorporada en los procesos de producción de otras industrias que sí que elaboran bienes de consumo para un público masivo.

En el sector agroalimentario la química también juega un papel importante en fomentar la sostenibilidad. La gran calidad y precisión de las soluciones para la protección de los cultivos, que se van lanzando al mercado desde hace años, permiten cada vez más reducir la cantidad de materia activa utilizada y ahorrar recursos preciosos como el agua garantizando una alta eficacia.

El sector agrícola, por sus características, demanda innovación constantemente y a menudo se necesitan productos nuevos de forma inminente, para combatir una nueva plaga o bien como alternativa a productos que ven su eficacia reducida debido al desarrollo de resistencias. Sin embargo, el desarrollo de un nuevo producto fitosanitario implica años de investigación, además de un gran esfuerzo económico. Por eso y para poder responder adecuadamente a las necesidades del mercado, los procesos de evaluación y de registro de nuevos productos deberían agilizarse y garantizar así que la innovación llegue a los agricultores cuando más la necesitan.

En la actualidad, la industria química, comprometida con el desarrollo de nuevas moléculas cada vez más eficaces, resulta imprescindible si queremos llegar a conseguir una agricultura sostenible.

Fuente: http://www.agriculturasostenible.org/v_portal/informacion/informacionver.asp?cod=7670&te=2313&idage=11273&vap=0&npag=1