El acceso a la electricidad ha transformado el mundo ayudando a los países a desarrollar sus economías y sacando a millones de la pobreza. Sin embargo, este éxito ha tenido un gran costo. El sector energético, que depende en gran medida de los combustibles fósiles, es responsable de aproximadamente el 40% de las emisiones mundiales de dióxido de carbono, uno de los llamados gases de efecto invernadero que atrapan el calor en la atmósfera y calientan la Tierra.

A pesar de que las Naciones Unidas piden urgentemente el fin de los combustibles fósiles, todavía se están construyendo cientos de nuevas centrales eléctricas de carbón, y decenas más están en proceso. ¿Está preparado el mundo para una nueva era de energía limpia, barata y accesible para todos?

La ONU está aumentando la presión sobre los países para que dejen de depender del carbón, y el Secretario General, António Guterres, explica sin ambigüedades la posición de la Organización en muchas de sus recientes declaraciones.

El titular de la ONU ha pedido que se impongan impuestos a las emisiones de carbono, que se acaben los subsidios estimados en billones de dólares para los combustibles fósiles, y que la construcción de centrales eléctricas de carbón se detenga para 2020, si queremos tener una posibilidad de poner fin a la crisis climática.

Muchos países, particularmente las economías desarrolladas, están comenzando a escuchar el mensaje de la ONU. Sin embargo, el sudeste asiático, una de las regiones económicas de más rápido crecimiento en el mundo, parece estar atrapada en los combustibles fósiles como la respuesta a sus necesidades energéticas: en noviembre, Guterres dijo en una reunión de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático en Tailandia que el carbón “sigue siendo una gran amenaza en relación con el cambio climático”, y agregó que los países del sudeste asiático son algunos de los más vulnerables a este fenómeno.

Según estudios de la Agencia Internacional de Energía, se espera que la región se convierta en un impulsor clave de las tendencias energéticas mundiales en los próximos 20 años. Millones de personas en el sudeste asiático han obtenido acceso a la electricidad desde el año 2000, y la región está en camino de lograr el acceso universal para 2030.

Energía Sostenible para Todos, respaldada por la ONU, ha compilado datos que muestran que la región tiene el tercer mayor número de plantas de energía de carbón después de China e India. Indonesia, Vietnam y Filipinas tienen la mayor cartera de plantas de carbón de todos los países del sudeste asiático, con Malasia y Tailandia no muy lejos.

Los países asiáticos más ricos también están financiando el carbón más allá de sus fronteras: las agencias financieras estatales en China, Japón y Corea del Sur son ahora, respectivamente, las mayores fuentes de financiamiento para plantas de carbón en otros países: la investigación muestra que China fue la fuente internacional más grande de financiamiento para el carbón, comprometiendo más de 1700 millones de dólares entre 2015 y 2016.

Sin embargo, el mundo, en su conjunto, se está moviendo lentamente en la dirección correcta, y el número de plantas actualmente planificadas está disminuyendo. La cantidad de permisos de las nuevas plantas de carbón se ha reducido a mínimos históricos, y se han cancelado más de mil, lo que refleja un clima económico más duro para los desarrolladores de plantas de carbón y el creciente consenso sobre la necesidad de limitar el calentamiento global y proteger la salud humana.

En la Cumbre de Acción Climática en septiembre de 2019, cuatro años después del Acuerdo de París, los países se comprometieron a intensificar los esfuerzos para limitar el calentamiento global a 1,5° centígrados por encima de las temperaturas preindustriales e impulsar el financiamiento de la acción climática. Muchas naciones anunciaron medidas para combatir la crisis climática, incluida la limitación de la cantidad de electricidad producida a partir de fuentes de carbón.

Se espera que el Reino Unido, por ejemplo, elimine completamente el carbón en los próximos años; Alemania, uno de los mayores usuarios de carbón del mundo, acordó detenerse para 2038; y otros ocho países de la Unión Europea han anunciado que pondrán fin del uso del carbón para 2030. Chile se ha comprometido a cerrar todas sus centrales eléctricas de carbón para 2040, y Corea del Sur cerrará 10 plantas para 2022.

Una “Alianza del carbón”, compuesta por 32 países, 25 gobiernos regionales, provinciales y municipales, y 34 miembros del sector privado, anunciaron nuevos aliados, incluidos Alemania y Eslovaquia, comprometidos a acelerar la transición del carbón a la energía limpia en liderar los esfuerzos mundiales en esta cuestión.

Cada vez más países y empresas reconocen que el uso de energías renovables no solo es lo correcto para el planeta, sino que también tiene sentido económico.

La tecnología ya existe para permitir que el mundo se aleje del carbón y de otros combustibles fósiles; y también para conectar a los 840 millones de personas que aún no tienen acceso a la electricidad a fuentes de energía limpia y renovable.

La evidencia indica que las energías renovables son ahora la forma más barata de generar electricidad en dos tercios del mundo. Más barata que el carbón y el gas natural, y, para 2030, junto a la eólica se espera que sean las principales fuentes.

Sin embargo, incluso con la disminución en el uso del carbón y el crecimiento en el uso de energías renovables, la transición a la energía limpia no se lleva a cabo lo suficientemente rápido, y todavía hay una gran brecha entre los compromisos climáticos de los países y su producción planificada de combustibles fósiles, como lo demuestra un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y los científicos.

La brecha es mayor cuando se trata de carbón: los países actualmente planean producir 150% más de carbón en 2030, lo que sería consistente con limitar el calentamiento a 2° centigrados, pero tres veces más de lo que se necesita para limitar el calentamiento a 1,5 °.

“A pesar de más de dos décadas de elaboración de políticas climáticas, los niveles de producción de combustibles fósiles son más altos que nunca”, dijo en un comunicado de prensa Måns Nilsson, director del Stockholm Environment Institute, una de las organizaciones que produjo el estudio. “Este informe muestra que el apoyo continuo de los Gobiernos para la extracción de carbón, petróleo y gas es una gran parte del problema. Estamos en un hoyo profundo y debemos dejar de cavar “.

En 2020, la ONU lanza una Década de Acción para impulsar los esfuerzos por alcanzar los objetivos que conforman la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Cuando se trata de energía, el objetivo es garantizar energía asequible, sostenible y moderna para todos. El desafío para la ONU y el mundo es acelerar rápidamente el avance hacia las energías renovables y dejar el hábito del carbón de una vez por todas. (Fuente: ONU)

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