Los humanos nos salimos de escala. Nuestro cerebro es unas tres veces más voluminoso que el de nuestros primeros ancestros homininos y el de los simios antropomorfos vivos. En el conjunto de los animales existe una fuerte correlación entre el tamaño cerebral y el corporal. Pero los humanos nos situamos en punto muy atípico en esta correlación. En la edad adulta, nuestro cerebro pesa una media de 1,36 kilogramos, lo que supone alrededor del 2 por ciento del peso corporal. En cambio, consume un desproporcionado 20 por ciento de los recursos energéticos del cuerpo debido a la elevadísima actividad eléctrica de las neuronas y a la cantidad de energía metabólica que se gasta en la transmisión de las señales neuroquímicas.

La comparación minuciosa del cerebro de los humanos con el de nuestros parientes primates vivos, incluidos los chimpancés, ha demostrado que las partes de la corteza cerebral que se ocupan de las funciones cognitivas de alto nivel, como la creatividad y el pensamiento abstracto, han aumentado su tamaño de forma llamativa. Estas regiones corticales, conocidas como áreas de asociación, maduran relativamente tarde en el desarrollo posnatal. Algunas de las conexiones neurales de largo alcance que vinculan tales áreas con otras y con el cerebelo (que interviene en el movimiento voluntario y en el aprendizaje de nuevas habilidades) son más numerosas en los humanos que en otros primates. En estas redes mejoradas se localizan el lenguaje, la fabricación de herramientas y la imitación. Incluso los ancestrales sistemas de recompensa del área subcortical, denominada cuerpo estriado (un centro de actividad para el neurotransmisor dopamina), parecen haberse remodelado durante la evolución del cerebro humano. Es muy probable que este cambio sirviera para prestar más atención a las señales sociales y facilitar el aprendizaje del lenguaje.

¿De dónde viene nuestro enorme cerebro? El registro fósil de los homininos revela la tendencia general hacia el incremento de la capacidad craneal durante los últimos seis millones de años, más o menos, cuando nuestro linaje se separó del último ancestro común que compartimos con los chimpancés y los bonobos. Se piensa que muchos rasgos interrelacionados de la biología humana se deben a nuestro enorme cerebro: crecimiento más lento durante la infancia, mayor esperanza de vida y más implicación del padre y de los abuelos durante la crianza de la descendencia para ayudar a la madre. Que el cerebro siga creciendo después del nacimiento significa que los acontecimientos importantes que fundamentan la cognición tienen lugar en un contexto social y ecológico ricos.

Otra pista de lo que nos diferencia de los chimpancés y otras especies inteligentes viene de investigaciones sólidas que han desvelado los cambios genéticos y moleculares acaecidos durante el largo recorrido de la evolución del cerebro. Echemos un vistazo a algunos de los rasgos distintivos del cerebro humano.

https://www.investigacionyciencia.es/revistas/investigacion-y-ciencia/humanos-751/en-qu-se-distingue-nuestro-cerebro-16859?utm_source=boletin&utm_medium=email&utm_campaign=Sumario+IyC+Noviembre