El IPCC ha recordado durante la COP25 en Madrid su informe sobre cambio climático y suelo, que alerta sobre el impacto de las actividades agrícolas, la desertificación y la deforestación.

La cumbre del clima COP25 que acoge estos días Madrid ha puesto sobre la mesa las temáticas clave para el futuro del planeta. En todo lo que tiene que ver con la gestión de los recursos naturales, la política juega un papel clave. Por eso, los científicos deben alzar la voz, y han de ser escuchados por las instituciones.

Los expertos ya no hablan de revertir, ni siquiera frenar el cambio climático; sino de adaptación y mitigación de los efectos venideros del cambio climático. Po otra parte, la COP25 es clave para actualizar los compromisos climáticos (NDCs) de los países en concordancia con lo firmado en el Acuerdo de París, que entra en vigor en enero de 2020.

En este contexto, parte de la jornada del 4 de diciembre ha sido dedicada para presentar el informe especial sobre cambio climático y suelo que el Panel Intergubernamental de Expertos del Cambio Climático (IPCC) presentó el pasado mes de agosto.

Según sus conclusiones, para el año 2050 es muy probable que la manera en que nos alimentamos tenga que modificarse sustancialmente, en la medida en que el uso del suelo tiene que cambiar. A continuación, un resumen de los asuntos comentados durante la cumbre.

La importancia del suelo

Desde el periodo preindustrial hasta principios del milenio, (1850–2000), los científicos calculan que la concentración de CO2, uno de los principales gases de efecto invernadero, ha aumentado un 30%.

Aunque solemos poner el foco en la industria, con frecuencia olvidamos las actividades relacionadas con el suelo, como la agricultura o la ganadería, como fuente importante de este problema: Las emisiones de CO2 relacionadas con el suelo se estiman entre un 21 y un 37% del total de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) de carácter antropogénico (derivadas de las industrias humanas).

Como se puede extraer del informe del IPCC, las actividades agrícolas, forestales y de otros usos de la tierra representan alrededor del 13% del CO2, el 44% de metano (CH4) y el 81% de emisiones de óxido nitroso (N2O) de actividades humanas a nivel mundial durante el periodo 2007–2016, lo que representa el 23% del total de emisiones antropogénicas netas.

Por otra parte, las condiciones cambiantes de la tierra pueden reducir o acentuar el calentamiento global y afecta la intensidad, frecuencia y duración de eventos climáticos extremos.

Un círculo vicioso

Las conclusiones del IPCC se centran en cómo el cambio climático afecta a las condiciones del suelo y cómo estas condiciones, a su vez, agravan el problema climático.

El aumento global de la temperatura puede provocar desertificación. Pero esta desertificación del terreno, al no contar con cubierta vegetal que libere oxígeno al ambiente gracias a la fotosíntesis, provoca a su vez un aumento de la concentración de CO2. Y esta desertificación aumenta también el riesgo de incendios forestales, que constituyen otra fuente importante de CO2 atmosférico.

¿Cómo se interrelacionan el suelo y el cambio climático?

–      La probabilidad, intensidad y duración de muchos eventos climáticos extremos pueden modificarse significativamente por cambios en las condiciones de la tierra, incluyendo eventos relacionados con el calor, tales como olas de calor y eventos de fuertes precipitaciones.

–      Los cambios en las condiciones de la tierra pueden afectar la temperatura y la lluvia en regiones que se encuentran a cientos de kilómetros de distancia.

–      Las condiciones más secas del suelo como resultado del cambio climático pueden aumentar la gravedad de las olas de calor.

–      La desertificación amplifica el calentamiento global a través de la liberación de CO2 vinculado con la disminución de la cubierta vegetal.

La desertificación es clave

Una de las mayores preocupaciones del IPCC respecto al suelo es la desertificación, que amplifica el calentamiento global a través de la liberación de CO2, por la disminución de la cubierta vegetal (deforestación): “Evitar, reducir y revertir la desertificación mejoraría la fertilidad del suelo, aumentaría el almacenamiento de carbono en suelos y biomasa, al tiempo que beneficia la productividad agrícola y seguridad alimentaria”.

A su vez, los científicos recomiendan: “prevenir la desertificación es preferible a intentar restaurar tierras degradadas; esto último podría dar lugar a riesgos residuales y resultados desadaptativos”.

Adaptación y mitigación

Ambos conceptos han sido ampliamente repetidos a lo largo de la intervención. Adaptación, en referencia a saber anticiparse a las condiciones climáticas; y mitigación, en el sentido de limitar en la medida de lo posible los factores que provocan los cambios en el clima (al menos, los que dependen del ser humano). En lo que tiene que ver con el suelo, la adaptación y mitigación requieren repensar la manera en el los seres humanos usamos el suelo: es necesaria la mitigación de las actividades agrícolas y ganaderas para una fecha límite: 2050. Y las soluciones tienen que empezar a implementarse YA.

Las soluciones pasan por cambiar cómo comemos

Como concluye el panel de expertos, el uso futuro de la tierra depende, en parte, de las respuestas que los estados den a partir de ahora a estas problemáticas.

Si queremos limitar el calentamiento a 1,5ºC, es necesario un cambio en el uso de la tierra mediante diferentes combinaciones de reforestación, forestación, deforestación reducida y bioenergía. Esto permitirá, por otra parte, reducir las consecuencias para la desertificación, la degradación de la tierra y la seguridad alimentaria.

A grandes rasgos, hay tres políticas que operan en el sistema alimentario: reducir el desperdicio de alimentos, influir en las elecciones dietéticas (para que los ciudadanos se decanten por alimentos de agricultura sostenible) y permitir una gestión más sostenible del uso de la tierra. La combinación de estas tres políticas, como detalla el IPCC, pueden contribuir a la adaptación al cambio climático, reduciendo la degradación de la tierra, la desertificación y la pobreza, así como mejorando la salud pública.

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