Los progresos con esta técnica ayudan a detectar los movimientos de los insectos.

En el curso de un eclipse solar acaecido en 2016, investigadores de la Universidad de Lund proyectaron un haz de láser infrarrojo en el oscurecido cielo de Tanzania para averiguar la reacción de los insectos a esa inusual penumbra. Después, prosiguieron con las observaciones otras cinco noches y cuatro días. El sistema láser que usaron, llamado lídar, detectó más de 300.000 insectos durante ese tiempo.

Muchos de esos insectos son los más mortíferos del mundo: los mosquitos. Uno de sus géneros es portador del parásito que cada año causa medio millón de muertes por paludismo. Durante la «hora punta» matinal y vespertina de los mosquitos, los investigadores detectaron que un gran número alzaba el vuelo prácticamente a la misma hora cada día. El eclipse también convocó a una nube enorme de mosquitos. Todo indica que en la naturaleza es el nivel de luz, y no tanto los ritmos circadianos, el que dicta la actividad de estos dípteros. Resulta significativo que el estudio, publicado en mayo en Science Advances, también ilustre las posibilidades del lídar en el análisis de riesgos y la adopción de medidas preventivas contra el paludismo, así como en la recogida de datos entomológicos.

La investigación supone «la primera vez que se clasifican varios tipos de insectos en su medio natural», afirma Mikkel Brydegaard, autor principal del estudio y físico en Lund.

En el estudio se puso a prueba un tipo de lídar entomológico ideado por él mismo que ha sido adoptado en todo el mundo. Cada insecto que vuela a través del haz del lídar refleja la luz, que incide en un telescopio. La retrodispersión de esa luz se analiza para calcular la frecuencia del aleteo y para determinar a partir de ella la cantidad y el tipo de insectos en vuelo. El equipo identificó mosquitos, polillas, moscas y jejenes, y llegó a diferenciar hasta los mosquitos machos de las hembras.

Quienes luchan contra el paludismo suelen usar trampas para capturar mosquitos que se hallan en distintas fases del ciclo biológico, que después analizan en el laboratorio. Pero este método es laborioso y caro y no permite evaluar las poblaciones a lo largo del tiempo ni la eficacia de las fumigaciones o de otras medidas de control aplicadas en el campo.

«Con este tipo de lídar se ha demostrado que, ya sea en condiciones de eclipse o normales, es posible seguir una población con una precisión muy superior», afirma Benjamin Thomas, físico del Instituto Tecnológico de Nueva Jersey que no ha participado en el estudio pero forma parte del colectivo cada vez mayor de entomólogos que está experimentando con el lídar. «La posibilidad de observar miles y miles de insectos abre la puerta por fin al seguimiento de esas poblaciones.»

Los autores afirman que las instalaciones de lídar podrían emitir alertas por riesgo de paludismo, de igual modo que una estación meteorológica avisa de las tormentas inminentes. Y el seguimiento de los mosquitos sería solo una de las aplicaciones; también serviría para detectar la diversidad de polinizadores y vigilar las plagas en cultivos o zonas protegidas, explica Brydegaard.

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