Unos ecologistas de la RUDN (Rusia) que exploraron los viñedos y bosques abandonados en Italia descubrieron que en el suelo de un viejo bosque de robles, que se había “liberado” del estrés antropogénico hace unos 200 años, se observaba una alta concentración de nitrógeno y carbono, mientras que en los suelos de viñedos recientemente abandonados este parámetro era muchas veces menos. Estos datos dicen que incluso en las tierras mediterráneas afectadas por los humanos en el proceso del cambio de una comunidad de plantas a otra, los ecosistemas pueden acumular grandes cantidades de carbono y nitrógeno. El artículo fue publicado en la revista PLOS One.

En los últimos 100 años los ecosistemas mediterráneos han dejado de ser intensamente dominados por los humanos. Además, el régimen ambiental en Europa se ha fortalecido. Por lo tanto, una parte de bosques comenzó a recuperarse y pasar por los procesos de la sucesión secundaria, el cambio de una comunidad de plantas a otra después de su destrucción. Una de las consecuencias importantes de este proceso es la restauración de la fertilidad del suelo, agotado por las actividades humanas, en particular, el aumento en la concentración de carbono y nitrógeno en el suelo y la biomasa. Antes los investigadores creían que los ecosistemas forestales necesitaban al menos varios siglos para acumular carbono primero en las plantas, luego en el suelo, de modo que la cantidad de este elemento alcanzara al menos el promedio de un bosque virgen. Sin embargo, no hubo datos exactos sobre estos procesos, y prácticamente no hay investigación sobre los antiguos bosques de robles mediterráneos, aunque ocupan 160 mil hectáreas solo en Italia.

Giovanni Sala y Ricardo Valentini de la Universidad RUDN y sus colegas de Alemania e Italia exploraron los viñedos en la isla de Pantelleria, en Sicilia. Algunos de ellos fueron abandonados hace relativamente poco tiempo, hace varias décadas; otros, liberados de la influencia humana hace más de un siglo, ya se ha sustituido por un bosque de robles.

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(Foto: RUDN)

Los investigadores agruparon las zonas abandonadas hace menos de 45 años a una clase que se caracteriza por las especies típicas de arbustos: el árbol de masilla (Pistacia lentiscus) y phylaea de hoja ancha (Phillyrea latifolia). Segunda clase se compone por los territorios abandonados desde hace 45 a 70 años. Estas hábitats se caracterizan por los robles de piedra (Quercus ilex) que crecen solo hasta 5 metros y los arbustos, el árbol de masilla y filoera. La tercera clase es el bosque de maquis que tiene de 70 a 100 años. Los ecologistas usan el término “maquis” (del francés maquis) para los ecosistemas que están dominados por matorrales de arbustos espinosos de hoja perenne y los árboles de tamaño pequeño.

Los ecologistas compararon estos ecosistemas maquis con el bosque viejo de más de 100 años completamente formado por robles de piedra y lianas del género Smilax (Smilax).

Los investigadores evaluaron la composición química de la biomasa subterránea, la del suelo y de la basura para nitrógeno y carbono mediante el secado, el pesaje y el análisis químico de las muestras. Los resultados mostraron que los bosques antiguos dejan atrás los viñedos abandonados por la cantidad de nitrógeno y carbono en todas las capas del suelo. Si la biomasa subterránea de los maquis más jóvenes era 15 miligramos de carbono por hectárea, en el bosque de encinos de crecimiento antiguo esta cifra ya es 100 miligramos.

Al analizar las capas superficiales del suelo se observó la misma situación: la composición de carbono para los bosques viejos era 100 miligramos, y para los viñedos anteriores, 30 miligramos. La cantidad de nitrógeno en los viñedos abandonados fue 3.5 miligramos, y en los viejos bosques de roble, 10. Los ecologistas compararon los datos recopilados y descubrieron que la relación de carbono / nitrógeno no cambiaba durante el cambio de los ecosistemas, sus partes permanecieron iguales.

Los ecologistas de la RUDN mostraron la dinámica del desarrollo de los ecosistemas forestales durante el cambio de una comunidad de plantas a otra después de años de destrucción de los bosques por parte de los humanos. Los científicos del suelo han demostrado que cuanto más antiguo es el ecosistema, más nitrógeno y carbono se acumulan en él en todas las capas del suelo y en la basura. (Fuente: RUDN)