Se ha inventado una manera de producir plástico que no requiere usar como materia prima valiosos recursos naturales tales como el petróleo o materias vegetales comestibles. El nuevo método se vale de una cepa de bacterias para crear bioplástico a partir de desechos vegetales.

El bioplástico, o plástico hecho a partir de recursos renovables, se forma cuando organismos, como por ejemplo ciertas bacterias, generan ácido láctico, al fermentar hidratos de carbono. El ácido láctico puede convertirse entonces en largas cadenas de moléculas que acaban conformando el plástico.

Para la producción actual de bioplástico se utilizan carbohidratos alimentarios, como el azúcar de caña o el almidón de maíz. La producción tradicional de plástico requiere petróleo.

Es obvio que el petróleo no tardará en escasear más de lo aceptable. Y también es obvio que ante el reto que supone alimentar a la creciente población mundial, entre la que hay poblaciones sumidas en la hambruna, no es apropiado ni ético fabricar plástico a partir de comida. Los bioplásticos deben por tanto fabricarse por otra vía.

El uso de desechos vegetales para producir plástico ayuda a reducir los precios de los productos alimentarios básicos. El plástico elaborado a partir del nuevo proceso es biodegradable y reciclable, y no implica el uso de alimentos como materia prima.

En su estudio, el equipo de los microbiólogos Keelnatham Shanmugam, Lonnie Ingram y Mark Ou, de la Universidad de Florida, pusieron a prueba la capacidad que la bacteria Bacillus coagulans cepa 36D1 tiene de producir ácido láctico sometida a una amplia variedad de condiciones típicas de la producción de bioplásticos. Las bacterias fueron recogidas de un géiser en Calistoga, California, uno de los muchos lugares que los investigadores examinaron en busca de bacterias útiles para sus experimentos.

Los experimentos anteriores de producción de ácido láctico a partir de desperdicios vegetales y utilizando microorganismos, no dieron buenos resultados, ya que no producían suficiente ácido láctico ni la técnica, tal como estaba planteada entonces, resultaba factible económicamente para su uso comercial a gran escala.

Sin embargo, el equipo de investigación descubrió que si se añade carbonato de calcio en el proceso, se logra una producción de ácido láctico tan alta como las logradas por los organismos que fermentan los hidratos de carbono alimentarios.

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