Uno de los efectos menos considerados del calentamiento global, aunque más preocupantes, son las bacterias y virus latentes que se encuentran en el interior del hielo de los casquetes polares. Según el último informe de la Organización de las Naciones Unidas, Perspectivas del Medio Ambiente Mundial, la contaminación y la resistencia antimicrobiana en el agua serán uno de los principales problemas a los que se enfrenta la población mundial.

Nos encontramos ante un panorama excepcional, que debido a distintas causas como el desarrollo insostenible, el crecimiento demográfico, la urbanización o la polución entre otros problemas de índole humano; han puesto en alerta a las autoridades mundiales sobre el futuro que nos depara.

EL PELIGRO DEL DESHIELO DE LOS GLACIARES

La calidad del agua dulce ha ido empeorando de forma global, según se describe en el texto, debido a factores como fertilizantes y plaguicidas químicos, microplásticos y desechos plásticos, metales pesados, sedimentos, salinidad o sustancias químicas persistentes; que están contaminando el agua químicamente y orgánicamente. Una situación que se ve acrecentada por el deshielo de los casquetes polares a causa del calentamiento global.

 

Resistencia antimicrobiana

Algunas bacterias crecen en el agua debido a los productos químicos que se vierten en ella.

Los glaciares concentran dentro del hielo más antiguo, prehistórico, algunas bacterias y virus latentes que pueden causar infecciones mortales. Numerosos estudios científicos avalan esta idea, como el realizado en Rusia por dos investigadores, Boris A. Revich y Marina A. Podolnaya, sobre el ántrax.

A ello se unen la cantidad de fenómenos meteorológicos extremos que están azotando el planeta y el cambio del ciclo hidrológico. Las grandes inundaciones o sequías extremas, complican aún más la posibilidad de poder consumir agua dulce con óptimas condiciones.

Las cifran no dejan a indiferente a nadie: unos 2.300 millones de personas (aproximadamente 1 de cada 3 habitantes del mundo) no tienen aún acceso a servicios de saneamiento adecuados.

A esto se le suma que cada año mueren cerca de 1,4 millones de personas por enfermedades prevenibles, como la diarrea y otras causadas por parásitos intestinales, asociadas al agua potable contaminada por agentes patógenos y a un saneamiento inadecuado.

Resistencia antimicrobiana

Millones de niños en todo el planeta no tienen acceso al agua potable, y si la tienen, dedican 4 millones de horas en su recogida.

LA RESISTENCIA ANTIMICROBIANA YA NOS AFECTA

Las enfermedades humanas debidas a infecciones por la resistencia antimicrobiana pueden convertirse en una de las principales causas de muerte por enfermedades infecciosas en todo el mundo de aquí al año 2050, alerta en el informe la ONU.

Los antibióticos que entran en el ciclo del agua provenientes de la eliminación de aguas residuales domésticas e industriales, la agricultura y el ganado intensivos o la misma acuicultura son los responsables de esa resistencia.

¡Una sobredosis que ya no tiene capacidad de actuación!. A esto se le unen las sustancias que actúan como disruptores endocrinos provenientes de los productos químicos utilizados, causando infertilidad, problemas de salud en el sistema endocrino o en el sistema neuronal, especialmente en el desarrollo fetal y a los niños.

La agricultura utiliza alrededor del 70 %de los recursos de agua dulce mundiales; en muchos de los países más pobres, esa cifra llega al 90 %. Cada vez existe más competencia por el agua, tanto por la industria, por la ciudad o por el campo. De ahí, que estemos asistiendo al agotamiento de nuestros más importantes recursos naturales como son los acuíferos o los arroyos.

Esta problemática la vemos muy de cerca en paraísos naturales que están empezando a dejar de serlo como en el Parque Natural de Doñana, en donde se siguen vertiendo millones de litros de agua sin depurar proveniente de los residuos urbanos (ya no es agua, es otro líquido). La eutrofización en el ecosistema acuático provoca la proliferación de cianobacterias tóxicas.

Es urgente que los estados promuevan programas para mejorar esta situación en los que se impliquen a todos los actores, a todo el conjunto. La población poco a poco va concienciándose de la necesidad de no malgastar el agua en las zonas urbanas, pero esas campañas de sensibilización no las están ampliando a las empresas de la industria o la agricultura, por lo que el problema no está en vías de solucionarse.

Pensemos que sin agua no hay vida. Es una necesidad vital, que ni siquiera una parte de la población del planeta la tiene cubierta.